Toronto, ON- Para aquellos que son asiduos lectores de nuestra revista, recordaran que siempre les llevamos a conocer la vida de íntegros latinos que, con su trabajo y responsabilidad social, demuestran en tierra ajena lo mejor que tienen nuestros países hispanos, su gente. Pero, en esta ocasión, la protagonista de estas líneas no es natal de alguno de nuestros países.
Ella nació, creció y ha vivido gran parte de su vida en Canadá. Pero sus raíces latinas le han permitido conocer, disfrutar y enorgullecerse de su legado histórico que la ata a la tierra que vio nacer a Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Ernesto Sábato. La tierra del tango y Maradona.
Christine Franco practica un español más que perfecto, a diferencia de muchos otros hispanos que profesan el cómico “spanglish”. Sus padres dejaron su natal Argentina 33 años atrás para radicarse de forma definitiva en Toronto. Y gracias a ellos que cultivaron en casa su idioma natal, Christine destella entre líneas ese acento gaucho; inconfundible y expresivo.
Como cualquier niña en la etapa de la infancia, Christine asistió a la escuela y posteriormente al High School; pero siempre consiente de sus raíces que la llamaban desde el extremo sur del continente. Es por ello que cuando llegó el momento de iniciar una carrera universitaria, opta por viajar a la tierra de sus padres y allí cursar su educación superior. “Fue una decisión de familia”, y para continuar, de alguna forma, una tradición de la que, tanto sus padres como su hermana, ya habían sido participes en la Universidad Adventista del Plata. Allí, y durante cuatro años completó el profesorado en inglés, respondiendo a un interés nato por el aprendizaje y la enseñanza basado en un precepto muy básico pero definitivamente universal “la educación es lo más importante en la formación de la persona”. Al mismo tiempo, conoció a quien sería su futuro esposo. Y con quien, posteriormente, regresaría a establecer residencia en este país.
Claro que su formación profesional no se detendría, por ello una vez establecidos y después de revalidar su título ante las autoridades competentes, Christine continuó sus estudios superiores en York University, finalizando una maestría en educación. Posteriormente y con toda la reglamentación al día (cuyo tramite resultó algo más que engorroso) tuvo luz verde para enseñar y compartir con otros lo que durante años había aprendido. Sumándole a esto la licencia de enseñar en dos países diferentes, algo que no muchos pueden presentar.
Este era el favorable panorama cuando comenzó a dictar clases de inglés en una escuela privada a la cual acudían alumnos de todos los rincones del mundo, con la férrea intención de perfeccionar su inglés como forma de acceder a una mejor calidad de vida. Por tres años fungió como docente, hasta que recién, un año atrás, se vinculó laboralmente con el distrito escolar público de York Región; pero en esta ocasión para realizar labores en el campo del marketing internacional.
El cambio fue algo drástico, pues pasó del ameno ambiente de las aulas de clase al complejo y reñido mundo del mercadeo. Su función a desempeñar como agente de marketing internacional adscrita a la zona Latinoamérica es “reclutar” estudiantes de todos estos países que estén interesados en venir a Canadá a cursar o validar un año de secundaria, o un campamento de verano o invierno para perfeccionar el idioma inglés. Sus cualidades como persona y el dominio perfecto del español le abrieron la puerta a esta oportunidad, gracias a la cual ha podido recorrer varios países latinoamericanos. En ese sentido, este trabajo, bastante envidiable, le ha abierto las fronteras de México, Colombia, Brasil, y en una ocasión Japón. Su cometido es el de convencer a los jóvenes interesados en gozar de experiencias enriquecedoras, más allá de los limites de sus países, de que Canadá, específicamente el distrito escolar publico de York Region es la mejor opción.
Según las palabras de Christine su trabajo “es lindo, es agradable porque se pueden conocer diferentes países, diferentes culturas, comidas y de todo”. La calidad y el buen nombre que se tiene en el extranjero del sistema educativo canadiense, por encima en ocasiones del sector educativo privado, allana el camino a la hora de lograr un acuerdo con los padres de los interesados, ya que “en últimas son ellos los que van a pagar”.
Por espacio de un año Christine ha sabido cumplir a cabalidad con un empleo que aunque parece sencillo, está lleno de retos y dificultades. Aunque para el momento de la presente entrevista, Christine se encontraba disfrutando de sus primeros días de licencia de maternidad en compañía de su pequeña bebe, recién nacida. Y en tanto complete el tiempo que se le otorga a todas las madres para que disfruten de sus nenes recién nacidos, esta profesora de corazón y de profesión sabe que, una vez regrese al mundo laboral tendrá la posibilidad de retornar a las aulas de clase, donde se siente tan a gusto. O seguir recorriendo Latinoamérica en busca de jóvenes interesados en hacer de Canadá la experiencia de sus vidas.